Volver a nacer (+Fotos)


Es el criterio de Nilda Clavel, una mujer que venció a la Covid 19

Por Adriana Danae Martínez Formigo (Estudiante de cuarto año de Periodismo)

Nilda Clavel Romero(Fotos de Archivo)

Santiago de Cuba, Mayarí Arriba, 29 de mar:- Desafiando las premoniciones de morbilidad nacionales, Nilda Clavel Romero pobladora de 75 años del Segundo Frente añade la covid -19 a sus historias de superación.

Contrajo el virus por su hijo, que asistía en Santiago de Cuba a una institución hospitalaria. Solo a tres días de su regreso, entre malestares y fiebres, su salud comenzaba a deteriorarse, esperaba un diagnóstico específico pero, no tener una fuente de infección directa de Sars cov-2, hacía difícil asegurar de qué estaban contagiados. En cambio Nilda,  se lo presentía:

“Comencé con dolores en las piernas, en todo el cuerpo, en el cuello era donde más me dolía y me sentía los ojos como si tuvieran arena, luego llegaron las fiebres de 38 grados y mucho sueño, no me quería ni levantar. Para cuando no sabíamosque pensar, supimos que mi hermana que se había relacionado con mi hijo había dado positivo, sin hacer pruebas sabía que tenía covid.”

Cuando la suposición estaba dada por sentada, resultaron positivos su hijo y su nieta, siendo trasladados a los hospitales provinciales correspondientes. Ella  continuaba en casa, esperaba paciente su segundo test.Consiente de los riesgos mortales de la enfermedad y de sus síntomas coincidentes, creó un estricto  aislamiento familiar del cual quedaron dos personas sanas conviviendo bajo el mismo techo.

Días después es diagnosticada, esta vez  presentaba nuevos síntomas: tensión arterial alta, opresión en el pecho y vibraciones que imposibilitaban su descanso, le costaba alimentarse cuando no olía ni sentía  sabor alguno.A pesar de estas complicaciones estaba segura que iría todo bien, nunca pensó lo contrario.

En la sala de cuidados mientras recibía el tratamientode interferón b y vitaminas, dejó de  sentirse vulnerable para cooperar con los más necesitados, ayudaba en su alimentación y aseo, en momentos que los esfuerzos parecían insuficientes.

“Lloré una sola vez, cuando cogí mi bolso para retirarme y miré hacia ellos, estaban de pie aplaudiéndome, me hicieron llorar, me sentí feliz de vencer la enfermedad y de haber podido ayudar.”

Hoy jocosamente recuerda los nuevos amigos que hizo mientras estaba ingresada, pregunta si esta buena de sal la comida, realiza  los mandados del hogar y  se siente regocijada de seguir junto a su familia , sin secuelas severas, así,  como era antes.


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