Hacer Revolución desde el surco.


Santiago de Cuba, Mayarí Arriba, 02 de oct:- Cuba se enfrenta al mayor desafío económico y social de la historia como parte de la estrategia para impulsar la economía del país en medio del recrudecimiento del bloqueo de los Estados Unidos a la isla y el enfrentamiento a la crisis mundial provocada por la Covid-19.

Trabajar con serenidad, pasos firmes y mente abierta, es el camino para lograr en un futuro inmediato ese propósito, de ahí que se precise de personas dispuestas a sumergirse en proyectos que denoten experiencias de gran impacto.

En el contexto, este principio forma parte uno de los primeros eslabones, la producción de alimentos para el pueblo, partiendo de la agricultura en general y teniendo en  cuenta la crisis  mundial de la cual nuestro  país no está exento.

Tiene que ver mucho el rescate y desarrollo de la cultura alimentaria  campesina, presente en generaciones de cubanos que aman la tierra sin condiciones como herencia de nuestros antepasados, en la búsqueda del sustento de la familia.

Hablamos de un amor al terruño, parecido al de la pareja, de esos que si fructifican y muy ausente en algunos jóvenes hoy que prefieren ganar el dinero fácil, ejerciendo el papel de revendedores, gracias que la mayoría acogen el machete, la guataca o el tractor como suyos, una forma de hacer revolución desde el surco. En ellos recae el futuro de la agricultura cubana.

No son cuentos de Ada aquellos terrenos plagados de marabú y convertido en un pestañar en un jardín productivo. En Segundo Frente, hay  ejemplos de eso, citemos al valle de Mícara y Tumba Siete, pero falta mucho para estar a la altura, pues la escasez de productos es representativa en placita, mercado y en la mesa de los mayariceros.

En la cooperativa Alcibíades Blanco Mejías de San Benito Mayarí,  vanguardia  nacional, se concentran los mejores elogios: cumple con el objeto social, la reforestación, la cosecha cafetalera, y ya existen otras novedades en la producción de alimentos para el pueblo y que tiene que ver con el cultivo tapado y una flamante nave incrustada al paisaje del lomerío.

Responde a un proyecto ciento por ciento cubano, estratégico, económico y social, en un lugar donde renace la cultura campesina.


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