Primer ministro británico de nuevo en la cuerda floja


Londres, 23 sep (Prensa Latina) El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, camina hoy nuevamente por la cuerda floja en su batalla contra la Covid-19, tras imponer nuevas restricciones para intentar frenar una segunda ola de la enfermedad.
Por un lado, no son pocos los correligionarios del gobernante conservador en el Parlamento preocupados por la posibilidad de que las medidas se extiendan hasta la primavera, mientras que los científicos se cuestionan si serán suficientes para atajar el actual rebrote de la enfermedad antes del invierno.

Johnson, sin embargo, parece haber adoptado una decisión salomónica al respecto, tras asegurar la víspera durante una visita a la Cámara de los Comunes para explicar las nuevas decisiones, que no escuchará ni a quienes le piden que deje al virus seguir su curso, ni a quienes lo instan a decretar un confinamiento permanente.

Horas más tarde, en una alocución a la nación desde su residencia en el número 10 de Downing Street, el primer ministro, quien se contagió con la Covid-19 y estuvo al borde la muerte en abril pasado, se mostró más condescendiente, y apeló a la conciencia de los británicos para derrotar la pandemia.

‘Nunca en nuestra historia, nuestro destino colectivo y nuestra salud colectiva han dependido tan completamente de nuestro comportamiento individual,’ aseveró Johnson en su discurso televisado.

Según alertó, si el virus vuelve a salirse de control, el servicio nacional se salud se vería comprometido una vez más, y no podría atender a los pacientes de cáncer ni a millones de personas que necesitan de otras atenciones médicas ajenas a la Covid-19.

Recalcó, además, que de verse obligado a imponer un confinamiento nacional como el de marzo pasado, posibilidad que tampoco descartó del todo, no solo se afectarían miles de puestos de trabajo y el bienestar de las personas, sino también el contacto con los seres queridos.

Tenemos que hacer todo lo posible para evitar tener que volver a transitar ese camino, sentenció Johnson.

Las nuevas restricciones anunciadas por el gobierno británico, y que podrían durar hasta seis meses, incluyen el cierre de bares y restaurantes a partir de las 22:00 horas, y el trabajo desde el hogar siempre que sea posible.

El uso obligatorio de la mascarilla se extenderá a los empleados de las tiendas, a las personas que viajen en taxis y a quienes usen los servicios de hotelería, mientras que las multas de 100 libras esterlinas (unos 130 dólares) para los infractores se duplicarán.

También se reducirá a 15 el número de personas que podrán asistir a una boda, aunque en el caso de los funerales la cifra se mantendrá en 30, y se cancela la reapertura escalonada de los eventos deportivos con asistencia de público que anunciada para el 1 de octubre.

Las medidas se suman a algunas ya existentes como la que prohíbe las reuniones sociales de más de seis personas pertenecientes a núcleos familiares diferentes.

El nuevo paso dado por el gobierno, cuya estrategia errática para lidiar con la pandemia ha sido muy criticada en el pasado, no fue muy bien recibido por el sector empresarial, el cual cree que el cierre de bares y centros de ocio a partir de las 22:00 horas no reduce la propagación del virus, pero sí daña los negocios.

El científico John Edmunds, miembro de la junta de asesores del gobierno, cree, por su parte, que las medidas se quedaron cortas, y en declaraciones este miércoles a la cadena BBC, advirtió que en el futuro será necesario adoptar otras más duras, pero para entonces, dijo, quizás sea demasiado tarde.

El líder del opositor Partido Laborista, Keir Starmer, quien hasta el momento mantenía una posición bastante conciliadora con respecto al Ejecutivo conservador, en aras de no exacerbar más los ánimos en medio de la pandemia, lanzó la víspera un duro ataque contra Johnson.

Además de acusarlo de haber perdido el control sobre la enfermedad, que deja unas 400 mil personas contagiadas y casi 42 mil muertos en el Reino Unido, Starmer aseveró que un segundo confinamiento nacional sería una prueba de ese fracaso.


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