La ‘princesa’ vs. el ‘retrato’ en ‘Trumplandia’


Washington.-  Mientras los Trump tuvieron secuestrada la Casa Blanca para el final de su convención, bien pudieron haber construido unas escaleras mecánicas doradas desde el balcón Truman hasta el jardín sur.

Melania Trump

De esa manera, Ivanka podría haber realizado su maniobra de poder con verdadero estilo trumpiano. En todos los demás sentidos, lo hizo. Con su ondulante melena rubia, Ivanka estuvo totalmente modo MAGA (sigla en inglés del conocido eslogan de Trump “Hagamos a Estados Unidos grandioso de nuevo”), quitando del camino al entusiasmado Don Jr. y a la “fortissima” Kimberly Guilfoyle para posicionarse como la heredera de la dinastía política de su padre.

La noche fue tan “Borgia”, que tuvo sentido que terminara con una ópera (también pudieron simplemente haber puesto el tema musical principal de la serie de televisión “Sucession”).

El chiste viejo de que Trump iba a estamparle su nombre a la fachada de la Casa Blanca si llegaba a la presidencia casi se hizo realidad durante el festival ególatra, cuando unos fuegos artificiales deletrearon “Trump”.

Ya en este punto Ivanka debe saber que ella y Jared nunca podrán regresar a su antigua vida como miembros queridos de la alta sociedad de Nueva York. Así que, ¿por qué no duplicar la apuesta en Washington y sentar las bases para una carrera presidencial por su cuenta?

Ahora que su padre ha convertido el Partido Republicano en una maquinaria política con su apellido, Ivanka debe sentirse con el derecho de brincar al puesto de conductor una vez que su papi haya terminado.

Su discurso del 27 de agosto fue sobre él, pero también deliberadamente incluyó mucho el “yo” y la primera persona.

“Hace cuatro años te presenté a un constructor…” “Esta noche, me pongo frente a ti…” “Cuando Jared y yo nos mudamos con nuestros tres hijos pequeños a Washington, no sabíamos con exactitud en qué nos estábamos metiendo…” “Yo he visto cómo en Washington es fácil para los políticos sobrevivir si silencian sus convicciones…” “No puedo creer que tantos políticos prefieran, de hecho, quejarse…” “Yo me quedé impactada al ver…” “Estoy más segura que nunca…” “He estado con mi padre…” “Me senté con él en el Despacho Oval…” “Yo estaba con mi padre cuando…” “Yo prometo que…” “He dicho que los estadounidenses necesitaban…”

“Hace cuatro años, les dije que pelearía junto a mi padre, y cuatro años después, aquí estoy”.

Sí, allí estaba la hijita de papá, en su escalera mecánica imaginaria. El penetrante aroma de “Cómplice”, el perfume de Ivanka según el show humorístico “Saturday Night Live”, flotaba por el jardín en la noche cálida. Todas las dinámicas que hacen que el gobierno de Donald Trump, y la forma en que administra el país, sea tan caótico —la difamación, las facciones beligerantes, las estafas, la negligencia, las tomas de poder— se vieron reflejadas en el retrato familiar que se vio esta última semana.

La escena más dramática del 27 de agosto no fue el somnífero discurso del presidente, sino el abrasador momento de Ivanka con la fluorescente Melania.

Tras su discurso, la primera hija pasó frente a la primera dama para saludar a su padre. Melania, quien al principio le ofreció una gran sonrisa a Ivanka, endureció su expresión súbitamente.

La interacción fue en particular tensa dado el contexto: Stephanie Winston Wolkoff, ex mejor amiga y asesora de Melania, está empezando a dar datos sobre su nuevo libro centrado en la primera dama, el cual incluye testimonios sobre conversaciones en las que Melania se burla de Ivanka.

Se ha señalado que Melania suele llamar a Ivanka la “princesa” —Trump destacó a su hija favorita en su discurso en la convención— e Ivanka, aparentemente, ha llamado a Melania el “retrato”.

Tras muchos tira y afloja, Melania se ha resignado al hecho de que Jared e Ivanka dirigen la Casa Blanca. La opinión general en el lugar es que Ivanka ha luchado con Melania hasta llegar a un empate.

Wolkoff relata en su libro que Melania estuvo tan hastiada de los intentos de su hijastra de, según ella, entrometerse en su papel en la planificación de la investidura presidencial, que lanzó una “operación Bloquear a Ivanka”.

“Melania no estaba muy feliz con los intentos de Ivanka por controlar el programa, y no iba a tolerarlo”, escribe Wolkoff en un extracto en la New York magazine. “Tampoco se alegró al escuchar sobre la insistencia de Ivanka de querer caminar por la avenida Pensilvania junto a sus hijos”.

El “retrato” decidió intentar excluir a la “princesa” del retrato: el “momento especial” del juramento.

“Sí, la operación Bloquear a Ivanka fue mezquina”, escribe Wolkoff. “Melania estaba decidida a excluirla. Pero también pensábamos que Ivanka no debió haber buscado ser el centro de atención durante la investidura de su padre”.

En el otro flanco de Ivanka se encuentra Don Jr., quien nunca tuvo el mismo tipo de apoyo de su padre pero que ha logrado transformarse del burro de la familia en uno de los arietes de ataque más efectivos de Trumplandia.

Junior, como bien lo escribe Jason Zengerle en The New York Times Magazine, “ha llegado a la conclusión de que al apostarlo todo en la presidencia de su padre y las pasiones tribales que ha desatado, podrá reclamar su propio lugar duradero en la política estadounidense”. Ha llegado a representar “el centro emocional del universo MAGA”, le dijo Jason Miller, asesor de campaña de Trump, a Zengerle.

Los discursos de la convención de los otros hijos de Trump, Tiffany y Eric, no tuvieron el tipo de calidez y afecto que se percibió en los videos cariñosos y personales de las nietas de Joe Biden.

Los discursos de los hijos de Trump pudieron haber sido leídos por cualquiera. Estuvieron completamente desprovistos de anécdotas que humanizaran a los involucrados.

Aún peor, se notaba que estaban intentando vender una versión totalmente ficticia de Donald Trump. El plan, con la familia y otros oradores, fue impulsar la idea de que tras bambalinas Trump era atento e informado, “no ve colores ni géneros”, como dijo Ivanka en la última convención.

Del mismo modo que W. Bush hizo en su convención en el 2000, Trump mostró un abanico de personas negras y latinas, aunque algunas de ellos han dicho que no sabían que iban a formar parte de la convención de Trump. Con W., podías ver al público y percibir la falsedad de todo, ya que estaba repleto de tipos blancos y gordos. Los republicanos tuvieron la suerte de que durante las primeras tres noches no tuvieron un público de delegados, donadores y burócratas que dejara en evidencia la hipocresía del partido; aunque sí se pudo ver una primera fila de tipos blancos y gordos durante los discursos del 27 de agosto en la Casa Blanca.

Con eufemismos hilarantes, la familia también describió el comportamiento indignante y lenguaje degradante del patriarca malcriado como algo simplemente pintoresco.

“Todos sabemos que Donald Trump no oculta su opinión sobre las cosas”, dijo Melania. “Honestidad total es lo que nosotros como ciudadanos merecemos de nuestro presidente. Te guste o no, siempre sabes en qué está pensando”. Y eso, afirmó sin inmutarse, es debido a que es “una persona auténtica”.

Ivanka intervino: “Papá, las personas te atacan por ser poco convencional, pero yo te amo por ser genuino”.

Fue imposible que esto último sonara cierto, dado que a la propia hermana del presidente se le escuchó describir a Trump —en grabaciones secretas realizadas por su sobrina rebelde, Mary Trump— como “un malcriado” y un mentiroso “sin principios” (o como dirían los hijos de Trump, un campeón del pueblo totalmente honesto y con convicciones fuertes).

En Nuevo Hampshire, el 28 de agosto por la noche, el presidente consideró sus posibilidades dinásticas. “Yo también quiero ver a la primera mujer presidente”, dijo, pero calificó a Kamala Harris como “incompetente”.

“Todos están diciendo, ‘¡Queremos a Ivanka!’”, afirmó.

(Maureen Dowd. (Ilustración por The New York Times; fotografía por Doug Mills/The New York Times)


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