Martire Samé Echavarría: “El que se enamora de la música tiene que defenderla a toda costa.”


Por: Yamil Sánchez Aguilar (director de programas en Radio 8SF)

Hace casi 59 años, específicamente el 25 de agosto de 1961, nació un mayaricero que la vida y el talento convertirían en un consagrado amante a la música. Fue en San Nicolás donde dio los primeros pasos Martire Samé Echavarría.

Con tan solo 8 o 9 años el niño experimentó las sensaciones que provoca la música en los que se enamoran de ella para siempre. Y es que, en un ambiente campestre, justamente esos acordes son los mejores alicientes para el hombre y la mujer que trabajan la tierra.

Este guitarrista echa el tiempo hacia el pasado y resalta de su memoria aquellos programas radiales de cada mediodía dominical donde la orquesta Aragón llenaba el hogar montuno. El inconfundible sonido de La Charanga Eterna fue de los primeros que escuchó el pequeño Martire, allá en las lomas de San Nicolás.

Benny Moré también sembró amor hacia la más pura música tradicional cubana en el alma de este montuno. Aquel enorme radio marca Rodina, llevado a casa por el padre como merecido premio a sus horas en los campos cañeros, llenaba el monte de sonidos cuando la melodiosa voz de “El Bárbaro de Ritmo” opacaba el cantar del sinsonte, mientras toda la familia se deleitaba con aquel espectáculo.

Si hablamos de un guajiro que nació en 1961, vemos a un niño y a un adolescente que también se acurrucó en las melodías de la Década Prodigiosa. El programa “Nocturno”, de Radio Progreso, era casi de obligada audiencia cada noche en su hogar.

También se captaba la señal de emisoras musicales de Venezuela, Colombia y otros países, desde donde llegaban los acordes del vallenato, la cumbia, el joropo, el merengue, el son y otros géneros que también ampliaron el espectro de aceptación del oído musical de Samé. Pero sobre toda esa aglomeración de acordes y estilos, estuvo el sabor de la música tradicional cubana.

Aquellas acciones del niño y adolescente preocuparon a sus padres: mientras el “Rodina” sonaba con toda la sonoridad del momento, el mozo se inspiraba, cantaba y, a su manera, improvisaba entre los coros.

“Este vejigo está loco”, más de una vez se comentó entre los tíos y primos, a la vez que disfrutaban de aquellos espectáculos domésticos. Quizás, esa no sería la opinión de aquel abuelo que Martire nunca conoció y que, al decir de muchos, tocaba el tres magistralmente.

En el ambiente guajiro del barrio de San Nicolás, la guitarra, el bongó y el tres lideraban cualquier celebración. Y allí estaba él, alimentando su intelecto, nutriendo las cualidades que luego lo convertirían en una importante figura de nuestra música en Segundo Frente.

Curtir una vocación.

Esta foto de Martire Samé Echavarría fue tomada ayer 24 de julio de 2020 en Los Maizales en el acto por el 26 de julio.

Dicen que cuando se sueña ser músico, ya uno se ve con el instrumento que le corresponde para toda la vida. Cierta o falsa, la sentencia le acomodó perfectamente a Martíre Samé Echavarría, porque siempre soñó con la guitarra, con quien formó un “matrimonio” inseparable. A lo mejor uno de los culpables de ese eterno amor fue su primo Francisco Cala, un guajiro muy sagaz en su interpretación, también del tres.

Aunque los guiños de la guitarra serían indestructibles, el primer instrumento que tuvo entre sus manos fue el tres. Su tío político, Manolo Almira, colocó el elemento “culpable” de varios regaños. Y es que, por ejemplo, el muchacho salía para el pozo a buscar agua; pero desde la guardarraya se dejaba escuchar el rasgueado que hacía Manolo sobre las cuerdas. Ahí mismo el chico soltaba las latas y la vara, y allá se iba. La anécdota termina con el agua recalentada a pleno sol y una buena reprimenda de los padres, mientras en el alma juvenil, ávida de lecciones y atrevimiento, habían quedado las nuevas lecciones del tío Manolo.

Cuando llegó a la secundaria, en el barrio de Tumba Siete, se encontró con los “Pico”, una de las familias más musicales de todo Segundo Frente. De ellos también bebió conocimientos y dominio sonoro. Emilio y Ricardo, nativos del barrio de La Cañandonga, ocupan un lugar de mucho privilegio en la carrera profesional del joven. Esa etapa de enseñanza secundaria también definió con seriedad la vocación de Martire: su vida estaría ligada por siempre a la música.

“Aparicio” en El Yarey, de Jiguaní.

Al terminar la secundaria, la música ni se asomó en el otorgamiento de carreras. A Martíre le “llegó” la especialidad de Fresador, para estudiarla en el politécnico “Julius Fucick”, en Santiago de Cuba.

“Agarré mi baja de la carne, y todos mis datos, y me fui para la escuela. Pero nunca llegué a la Fucick. Me fui, por mi propia cuenta, para la escuela de El Yarey, provincia de Granma, donde se formaban instructores y músicos de todo el oriente cubano. Lo mío era la música y no iba a renunciar a eso por nada, ni por nadie.”

Y allá se fue, con 17 años, en 1978, el joven cargado de ilusiones y anhelos. Eran las 12 de la noche y precisamente el director lo recibe junto al subdirector de internado. El primer nombre que le dijeron fue “Aparicio”. Y no era para menos, después de tantos contratiempos qué otro apodo jocoso decirle a aquel adolescente soñador.

Allí estaba el jovencito de San Nicolás, que luego de mil tropiezos y percances había llegado solo a ese centro de educación artística. Y lo más lindo: sin carrera específica otorgada, carta de recomendación, ni nada por el estilo; solo quería estudiar música.

Enfrentarse a una prueba nunca es cosa fácil cuando de definir el futuro se trata. Sí había dominio de materias como la afinación, algunos acordes y otros secretos que había descubierto allá en San Nicolás o en la enseñanza secundaria en Tumba Siete. La verdad es que se enfrentó al tribunal, venció el examen y fue aceptado.

Después de cuatro años de estudios como Instructor de Arte, en Jiguaní, Martire regresó a Segundo Frente en 1982, donde casi ni lo conocían por el tiempo ausente; pero el futuro lo pondría frente a la popularidad en todo el municipio cuando se vinculó al Grupo “Revelación Ochenta”.

“Esta fue una de las agrupaciones más populares de las que se han formado en la historia musical de Segundo Frente. Revelación Ochenta no tuvo tiempos malos mientras existió. Lo mejor de esa agrupación era la disciplina en el ensayo y a la hora de las presentaciones en las actividades.”

Rememora sus tiempos de colaboración con el grupo, bajo la dirección de otro músico mayaricero, Ramón García: “Muchos en todo el Segundo Frente, recuerdan aquellos tiempos en que Revelación Ochenta fue un acontecimiento; incluso, cuando se ensayaba en lo que era la parte trasera de la antigua tarima de la Plazoleta Central, muchos se aglomeraban allí para disfrutar.”

El músico también se acercó al trabajo del grupo “Sorpresa” y recuerda con mucha nostalgia la popularidad que alcanzó, en estos lares, una agrupación como “Ecos de Juventud”.

Instructor o músico, con buenos paradigmas.

“La orquesta Aragón fue mi inspiración para yo enamorarme de la música. Lo más agradezco es ver a alguno de mis muchachos triunfando.”

Y de cierta forma, ve materializado su trabajo también en artistas de la talla de Eduardo Sosa, de quien no fue instructor directamente; sin embargo, en más de una ocasión lo recibió en su casa para develarle secretos de la guitarra.

“Y de la noche a la mañana Eduardo Sosa es más músico que yo. (SONRIE ORGULLOSO). Incluso, el otro día en un programa de la televisión nacional me mencionó y agradeció mis enseñanzas para con él. El instructor tiene que ser capaz de enseñar lo que sabe. No guardar nada para sí mismo, no esconder nada.”

Martíre Samé no se atreve a separar las funciones de instructor y músico. Prefiere desempeñarlas las dos al mismo tiempo. En la medida en que enseña, aprende. Regala su talento al público, pero a la vez lo comparte con sus compañeros de agrupación y lo inculca en las unidades artísticas que atiende. Es un artista que prefiere hablar de calidad interpretativa y aceptación popular.

Las orquestas de música popular que más admira son, por la calidad interpretativa, La Original de Manzanillo, Habana de Primera, Los Van Van, entre otras. Agrega que es una música depurada, muy bien hecha, con un nivel de profesionalidad muy elevado. De igual forma ha disfrutado de muy buena música hecha por artistas aficionados.

El instructor es un permanente investigador, un ferviente defensor de la preparación profesional: “La música es como la vida misma: si te vas quedando atrás, desapareces. El instructor debe ir al ritmo de la vida, con la dinámica del tiempo. Hay que investigar, estudiar, conocer las tendencias que adquiere la música. Escucharlas todas para saber comparar y deslindar una de otra, en busca de las mejores. El que se enamora de la música tiene que defenderla a toda costa; pero para llegar a ese parámetro primero hay que adentrarse en sus secretos.”

La génesis de “Son Corazón”.

Si de composición se trata Martíre Samé ve materializado su sueño de compositor, entre algunos integrantes del Grupo “Son Corazón”, de la ANCI, que atiende desde su creación. Allí tiene músicos que componen muy buenas letras como Alexis Charón, Samuel Soria y Rafael Batista.

Antes de formar “Son Corazón”, lo primero que hizo fue acercarse al Conjunto Campesino “Voces del Segundo Frente”. Allí estudió, escuchó su música, sus arreglos. Siempre quiso que la nueva agrupación de la ANCI tuviera una línea cultivadora de la música tradicional cubana. Pensó que hacer música campesina era algo fácil; sin embargo, después de tanto tiempo junto a este tipo de sonoridad, confiesa que es dificilísimo.

Corría el año 2001 cuando la cantante María Agustina, integrante de la ANCI y ganadora de numerosos premios nacionales como solista, le propone como instructor de música, crear un formato que la acompañara o un grupo de música campesina.

A la hora de buscar el nombre, Martire decide caminar para reflexionar, hacer una encuesta, pero antes de salir dio su criterio: “El nombre que yo sugiero es Son Corazón”. A partir de entonces no le permitieron más investigaciones o propuestas. El nombre del grupo ya estaba aprobado por todos.

Se basó en que para trabajar y hacer música con ciegos y débiles visuales hay que hacerlo con el alma, ponerle todo el corazón al trabajo para que las cosas salgan bien. A propósito surgieron otras agrupaciones de la ANCI en otras provincias, como “De corazón”, en La Habana.

“La ventaja del trabajo con ellos es que tienen vocación por la música. Cuando creamos el grupo no contábamos con un virtuoso cantante, compositor e instrumentista como Samuel Soria. En aquellos tiempos el tresero era Pedro Amaury. Alexis Charón nunca había tocado el contrabajo; ese era el instrumento que yo pensaba tocar. Sin embargo, me gustó su figura alta para que hiciera juego con el contrabajo; además es una persona que tiene buen oído y es muy rítmico. Fue así como le hice la prueba y el hombre dio ‘pie con bola’, y ahí está: tocando el contrabajo, cantando y componiendo.”

Pero las historias alrededor del grupo “Son Corazón”, de la ANCI del Segundo Frente continúan: la misma María Ochoa, hermana del trovador santiaguero internacionalmente conocido, Eliades Ochoa, habló con Martire porque le gustaba el nombre de esta agrupación de artistas aficionados. Tanto le gustaba el nombre que la cantante santiaguera bautizó a su agrupación acompañante como “Son de corazón”.

Removiendo la historia del grupo “Son Corazón”, recuerda que el primer número que montaron fue “El punto cubano”, de Celina González. Cantando María Agustina, el arreglo resultó perfecto, todos quedaron complacidos.

Luego vendría otro reto: “Desafío con el sinsonte”, tema popularizado por Radeunda Lima. Pero según Martire, “este tema lleva unos acordes un poco complicados. En la incertidumbre, el tresero Pedro Amaury, que NO es ciego ni débil visual, dice que él va a dar la arrancada; sin embargo, olvidó que trabajaba con invidentes, hizo la seña y lógicamente nadie obedeció. Ahí mismo se interrumpió el ensayo para unos cuantos minutos de risa entre todos.”

“A pesar de todo, Lárides Martínez, el bongosero, dio los acordes previstos y todo le quedó a pedir de boca, como si hubiera visto efectivamente la seña dada por el tresero.”

Voces del Segundo Frente

“Este Conjunto ha sido una escuela para muchos músicos de este municipio. De una forma u otra tienen su lugar muy bien ganado. Los que hoy hacen música campesina aquí y una buena parte de la música popular en Segundo Frente hay que agradecérsela a este grupo.”

Siempre ha defendido la idea de que una agrupación musical debe considerarse una gran familia. Y eso lo ha impregnado en “Son corazón” y fue uno de los elementos que le hicieron decidirse para entrar a “Voces del Segundo Frente”.

Este músico le otorga una importancia decisiva al elemento amistoso y de buenas relaciones que cultiven los integrantes de toda agrupación. Esa armonía existente entre ellos también se refleja en el éxito o el fracaso que experimentan en sus conciertos y presentaciones.

Música campesina

Detrás de una inevitable emoción, reconoce que para él, la campesina es la madre de la música, la raíz de lo que es hoy toda la sonoridad cubana. El changüí, la guajira, la criolla, el son montuno, el bolero… tienen su esencia en la humildad del cubano. La campesina es una música muy amplia y rica.

“No podemos perderla. A veces nos envuelven nuestra música de otros colores y nos la venden como si fuera extranjera, y es muy nuestra. Eso pasó con el son, que de un momento a otro le llamaron salsa y dijeron que ya NO era cubana. Detrás de eso hay una estrategia muy bien definida que es borrar nuestra idiosincrasia, nuestras costumbres. La música es un fenómeno muy vulnerable, si descuidamos su atención la usurpan.”

“La música campesina está siendo desplazada por otros ritmos. Se debe poner un punto rojo en este particular y, bajo ningún concepto, permitir que otros estilos foráneos opaquen lo nuestro, lo autóctono, lo tradicional entre los cubanos.”

“Eso sucede en Segundo Frente quizás porque nos sabemos dueños de esas agrupaciones tradicionales; sin embargo, me sorprende la buena acogida que tienen ambos formatos en sus presentaciones más allá de nuestras fronteras municipales.”

Trabajo con los niños.

“El arte ennoblece el alma. Yo disfruto con la entrega y la calidad artística de mis aficionados. Me enorgullezco de muchos músicos que comenzaron conmigo siendo niños y hoy, aunque en otras funciones laborales, no actúan ajenos a la música. Siempre me saludan y me agradecen las lecciones que algún día les enseñé en esta manifestación artística.”

Un mayaricero en Venezuela

“El primer reto fue conocer la cultura venezolana, sobre todo la música, que es muy rica y variada. Por suerte, yo soy una persona a la que le gusta hablar con el pueblo, comunicarse y eso me propició un mejor acercamiento a la gente más humilde de ese país, que es donde florecen las mejores tradiciones. Allí me sorprendió que el venezolano menos imaginado sabe tocar el cuatro, canta música llanera, baila joropo o es un especialista en la música tambor.”

De su estancia allí agradece haber estado todo el tiempo entre artistas profesionales de los que aprendió mucho; sobre todo de la disciplina con los ensayos, la autosuperación y la persistencia en que la calidad artística es lo esencial detrás de cada entrega musical.

Pero sin dudas, lo que más le gratifica su intelecto, es haber compartido con un guitarrista acompañante de la talla de Silvio Darín, quien se ha presentado junto a vocalistas nacionales como Osdalgia y otras luminarias.

“A veces eran las dos de la mañana y estábamos en el cuarto Silvio y yo, aprendiendo, ensayando, conociendo la guitarra. Todavía tengo guardadas algunas piezas que NO he montado, pero que guardo con mucho afecto hacia ese profesional. Y así lo hizo conmigo y con otros que nos alimentamos artísticamente de él. El mismo Silvio Darín se interesó para que me fuera para La Habana, allá a acompañar a solistas. Más de una vez me dijo: ‘Si tú vivieras en la capital, otro gallo cantaría.’ Sin embargo, aquí estoy y estaré, en mi Mayarí Arriba.”

Músico hasta la médula.

Cuando uno se confiesa trovador, guitarrista acompañante o instructor tiene una especie de tentáculo inseparable. Hablamos de una amiga con cuerpo de madera, un brazo, varios trastes y seis cuerdas. Esta novia también atrapó el amor de Martíre para toda la vida. Le resulta difícil separarse de ella al punto de despertar ciertos celos en el hogar. Ese mismo sentimiento es el que le profesa el músico-instructor, al punto de no concebirse muy lejos de ella, ni dejarla sola mucho tiempo.

“Es que son muchos años junto a mí. Un ‘matrimonio’ con ese tiempo de unión es muy difícil de disolver”; así nos dice mientras acomoda su amiga entre los brazos.

Desde su punto de vista, y respetando todos los criterios y la incidencia del piano como majestad en el espectro sonoro universal, es la guitarra uno de los instrumentos más completos. Ella puede estar en todo tipo de música con sus miles de acordes y se ha demostrado, a lo largo de los tiempos, su decisiva incidencia en la historia de nuestra música.

Al hurgar el vocalista que lleva por dentro, sin muchos titubeos confesó sonriente: “Ese es un cantante frustrado. Desde pequeño me gustó cantar, lo estudié en la escuela de arte; pero al llegar aquí me concentré más en la instrucción y puse a un lado el hecho de cantar. Me satisface formar vocalistas que les gusten al público.”

“Disfruto mucho cuando veo triunfar a algún aficionado que yo atiendo. Ya con el paso del tiempo me he visto obligado a cantar por circunstancias profesionales;  como es el caso del Conjunto Voces del Segundo Frente, donde toco la guitarra y hago coros.”

El amor que siente Martire por este pedacito de tierra es inmenso, tanto que lo ha hecho repensar y finalmente aplazar, una y otra vez, su partida hacia otros empeños laborales. Hablamos de propuestas de trabajo en agrupaciones profesionales de la ciudad de Santiago de Cuba o en el polo turístico de Varadero, junto al septeto Son del Caimán, formato que también atendió como instructor en Segundo Frente.

Este incansable amigo buscó en su imaginación una imagen para la evocación: sueña con ser visto como un instructor sencillo, un cubano enamorado de la música, un apasionado con la guitarra. Quiere ser recordado como un consejero que siempre dio lo mejor de su intelecto en pos de nuestra música.

Por encima de todo, Martire Samé Echavarría (25-8-1961 / 24-7-2020) fue un guajiro confeso, muy apegado a su territorio, que contribuyó con su obra a la banda sonora de sus coterráneos. Así anduvo por la vida este hombre de baja estatura pero de gigantesca trayectoria, amante a su terruño y defensor de la más auténtica sonoridad cubana.

(*) Versión de una entrevista realizada por Yamil Sánchez Aguilar a Martire Samé Echavarría, el 10 de julio de 2014, para un ciclo de emisiones del programa Nuestra Música, de Radio 8-SF.


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