Valientes: El verdadero orgullo de un padre


Recadero García Bilariño junto a su hija

Por: Raúl López Ortiz.

Santiago de Cuba, Mayarí Arriba, 03 de jul:- “Yo que conocí la pobreza del campesinado cubano y la explotación a que estaba sometida esta clase social antes del triunfo de la Revolución en 1959 siento orgullo por contribuir a esta obra que va más allá de nuestras fronteras salvando vidas en época de la Covid 19”, asevera Recadero García Bilariño, un patriota del municipio santiaguero de Segundo Frente que con su accionar inspira confianza en vencer la pandemia que sacude al mundo.

“Mi hijo Enrique, conocido por Kike, quien ahora se encuentra de misión por otras tierras del mundo, se mantiene en la línea roja contra el nuevo Coronavirus, y ese es mi aporte a la humanidad, por eso ni le menciono mis achaques de viejo para que sea más preciso curando a los enfermos que lo necesitan”, sentencia este hombre de 95 años.

“ En la etapa del capitalismo salvaje vi morir a muchas personas por falta de asistencia médica, ahora tenemos aquí ese servicio gratuito y al alcance de todos. Doy mi voto para que se le otorgue el Premio Nobel de la Paz a la Brigada médica Henry Reeve, que es la representación del pueblo cubano por la salud y bienestar del planeta.”

Enrique Garcia Arias, hijo del entrevistado que se encuentra de misión combatiendo la Codiv-19. Foto de archivo

“Mi hijo es un soldado de esta patria, y a ella se debe. El es el orgullo de su padre, de este viejo que dentro de cinco años, si la naturaleza lo permite, cumplirá un siglo de vida (RIE) Hoy siento un agradecimiento total, sobre todo cuando veo a esos médicos, como mi Kike, salvando vidas, sembrando esperanzas, haciendo humanidad, esa por la que tanto luchó Fidel.

Recadero, campesino de profesión, hijo de emigrantes españoles, desde los 12 años trabajó la tierra, consagrándose no solo a la producción de alimentos, sino, al cultivo del café, principal renglón económico del Segundo Frente, un sitio donde, gracias a la Revolución, le permitió ver nacer y crecer a sus hijos, hasta convertirlos en hombres y mujeres de bien.

 

 


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