Eres el héroe de tantos…


Entre los médicos cubanos que combatieron al nuevo coronavirus en la región de Lombardía, hubo muchos padres que este domingo recibieron el mejor abrazo, el de sus hijos

Cada una de tus fotos me apretaba el pecho. Detrás de la protectora indumentaria buscaba siempre tus ojos, y ellos me decían si estabas bien, o si lidiar con la muerte cara a cara estaba haciendo mella en tu alegría de siempre. Mi consuelo, en todo momento, era que las duras experiencias de tus avatares internacionalistas impedirían que te quebraras fácilmente.

Nos has hecho partícipes de todo. Es tu costumbre, porque no quieres que nada en este mundo nos sea ajeno. Así logramos ser más fuertes para poder acompañarte en la distancia. Desde el día en que saliste de la casa con la disposición de salvar vidas, o dar la tuya en el empeño, si fuera necesario, hemos vencido juntos un día tras otro. Sí, porque cada día ha sido una batalla.

Ya nos preparábamos para tu partida, aunque evitábamos hablar de ello. A todos nos aterraba la idea de que estuvieras en peligro. Pero nunca intentamos detenerte –¿cómo hacerlo?–, si ya tantas otras veces nos explicaste, me explicaste, el compromiso asumido con la humanidad el día en que recibiste tu título y la primera bata blanca. Entonces era obvio, plantarías cara al virus donde el país te necesitara. Lombardía, dijeron, y aún recuerdo el frío que me recorrió, de imaginarte en aquel lugar al que los efectos de la pandemia convirtieron en escenario de las más duras noticias.

Desde ese día fue para ti nuestro último pensamiento antes del sueño, y el primero al despertar, y entre los aplausos de las nueve creía siempre escuchar tu nombre, y ponía el corazón entre mis palmas. Y lo logramos, padre.

Más de dos meses después estás de vuelta, y cada jornada que tachamos en nuestro almanaque de añoranzas, será una historia que podremos compartir.

Ahora, ya no eres solo mi héroe, eres el héroe de tantos. Con cuánta alegría he vuelto a darte ese abrazo que dejamos en suspenso. ¿Y sabes qué es lo mejor?, que cuando volví a sentir la protección de tus brazos, sentí en el nuestro los cientos de abrazos de otros hijos y otros padres que, como tú, ya han vuelto a casa, de otros que aún esperan el reencuentro, de un pueblo que te recibe con todo el calor posible. (Leidys María Labrador Herrera)


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