Un mundo al revés


El brutal impacto que la pandemia de Covid-19 tiene en estas semanas en Europa, Estados Unidos y otros países del considerado “primer mundo” se puede medir en cómo en cuestión de pocos meses surgen allí escenas reservadas al otro extremo de la balanza, donde están las naciones pobres.

El acuerdo con todos los reportes, en Italia y España el panorama es dantesco, con hospitales, morgues y cementerios desbordados sin que se avizore todavía un descenso sostenido en la curva de infectados y fallecidos.

Como en los tiempos más duros de la guerra, los médicos deben decidir que paciente tiene más posibilidades de sobrevivir y dejar de lado a quienes no tienen oportunidades, una realidad lacerante que dejará huellas casi permanentes en la sociedad.

Igual que ocurre en países vecinos, la magnitud de la pandemia ha planteado dos problemas hasta ahora inexistentes en ese continente.

Uno es la falta de personal de salud y el otro es la carencia de medicamentos, equipos y otros insumos para enfrentar la contingencia.

Es decir que ya no se trata nada más del problema de cupos en los hospitales, muchos de ellos de campaña o improvisados en hoteles y otros sitios, sino de quién atienda a los enfermos y con qué tratará de curarlos.

Médicos retirados, estudiantes de medicina, y personas con experiencia en primeros auxilios están siendo llamados con urgencia para sumarse a un personal al borde del agotamiento, o afectado él mismo por la enfermedad.

En Francia, que supuestamente había tomado todas las precauciones necesarias, el sistema de salud está al borde de la asfixia. Rémi Salomón, representante de la comunidad médica de terapia intensiva, dijo que en estos momentos se consume diez o veinte veces más ciertos medicamentos que en épocas normales y la carestía está por llegar.

Un paisaje similar se vive en Estados Unidos, donde se espera un colapso en las próximas dos semanas.

En este mundo al revés, los habitualmente calificados de “malos” son los que están saliendo al rescate. China, Cuba y Rusia envían profesionales, equipos e insumos a un primer mundo rebasado por esta tragedia.

Incluso un ególatra consumado, como Donald Trump, tuvo que tragar saliva y agradecer a Moscú el traslado de un avión con avituallamiento para enfrentar la peor crisis que vive la nación norteña en los últimos tiempos.

Ojalá el planeta no tenga memoria de quincena y cuando pase el peligro recuerde cómo, durante unas semanas, se invirtió el orden de las cosas y se demostró que lo pequeño también cuenta.

Tomado de: Radio Habana Cuba


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